24.2.12

El día que todo empezó


Tal día como ayer de hace una buena purrela de años, yo era un recién ingresado en la facultad de Periodismo, cargado de dudas por si realmente había elegido la carrera acertada. Aquella tarde, mi hermana Pepa había aprovechado una tarde de libranza para sacar el numerito de la ORA en el edificio de las Escuelas Aguirre. Nada más entrar en el coche, pasaron por su lado como 10 ó 12 coches de la policía, entonces ‘lecheras’, a toda velocidad y armando un gran escándalo de sirenas y luces. Ni corta ni perezosa, arrancó el R-5 y salió detrás de ellos sin darse cuenta que, en un momento, otra larga fila de lecheras se había formado a su espalda. 

Así, en medio de la fila de coches blancos, con más escolta que la podría llevar el presidente de los EEUU, el R5 azul llegó hasta la misma puerta del Congreso. Pepa aparcó, y se fue puertas adentro para ver qué pasaba para que se hubiese montado tanto escándalo. Un agente muy amable, cosa rara por aquel entonces,  le aconsejó que casi lo mejor que podía hacer era salir de allí y no decirle a nadie que era periodista, “y menos, de Diario16”.

Volvió a casa para avisar que se iba para el periódico, en aquel entonces el único móvil que se conocía era el zapatófono del agente 86. A lo que inmediatamente salté -para gran espanto de mi madre- con un “me voy contigo” y salimos zumbando antes de que nadie pudiera decir nada en contrario.

Yo ya había estado alguna que otra vez en la redacción, pero juro que nunca antes había visto tal vorágine. Voces, gritos, papeles que volaban de un lado para otro, ruido ensordecedor de lo que parecían ser ametralladoras y no eran más que máquinas de escribir al rojo vivo. No recuerdo si fue Reinlein, Otaño o Raúl Heras, pero alguien me preguntó si era capaz de ponerme a escribir al tiempo que me pasaba un teletipo. Ni sé de lo que era. ¡Dios! ¡Que yo no había hecho más que unas cuantas prácticas en Redacción Periodística I y ya querían que me pusiera a escribir!. Hice lo que pude, pero no debía estar tan mal porque al menos un par de cosas se publicaron en alguna de las varias ediciones de esa noche y el día siguiente.

Para eso de las 12 media, ya habían llegado las fotos de EFE y Manolo Escalera estaba ya en la redacción contándole a Ana G Rivas por qué él no tenía fotos. La tensión del ambiente se empezaba a relajar porque lo más parecido a un uniforme que se había visto por San Romualdo era el del conserje del ASTIGY. Y, además, hacía rato que se había ido a su casa. Ni siquiera de El Alcázar, un par de pisos más abajo, había subido nadie a Diario.  Ya no quedaba ni una sola gota de whisky, ginebra, cerveza ni nada parecido. Alguien gritó que el Rey iba a salir en televisión en un rato y, entre tanto, fui testigo, y colaborador activo, de cómo hay que actuar para descerrajar el cajón de una mesa metálica en la que, había rumores, se podía encontrar un licor de guindas o ciruelas. El licor era realmente espantoso, pero la botella en cuestión tardó apenas unos minutos en terminar, vacía, en una papelera.

Con aquel vaso en la mano, volví la vista a aquel jaleo de gente, papeles, máquinas de escribir, y tensión que se respiraba y decidí  que no me había equivocado, que quería ser periodista. Y lo fui gracias a todos los que aquella noche me enseñaron más cosas de este oficio que en los años posteriores que pasé en la facultad. Gracias a todos los que estuvisteis allí esa noche.

18.9.07

De las disculpas debidas

Que lo sé. Que no necesito de ajenas recriminaciones que para afear mi conducta me basto y me sobro. Ya recuerdo que hace semanas prometí volver a la cosa escribatoria cotidiana, y que transcurren las jornadas sin que una mísera línea se plasme en estos escritos. Podría apelar, como hice otrora a la molicie canicular como justificación de la ausencia, mas, a fuer de ser sincero, no puedo. No debo.

En este 2007, han querido los hados regalarme con una nueva experiencia laboral en la que me hallo inmerso el más de mi tiempo: La construcción de un nuevo proyecto periodístico en forma de diario. Por esas cosas legales que acontecen y que uno, con amplia capacidad contractual y en pleno uso de sus facultades legales, acepta, firma y rubrica, hállome incapacitado para contar cualesquiera cosa de las interioridades de este proceso gestatorio salvo quizá, el nombre del proyecto que verá la luz en próximas fechas: Público. Sin determinantes ni calificativos. Cuando quiera que las diarias tareas dejen algo de tiempo para mi propia mismidad, puede que sea posible tanto que retome estas páginas, como que cuente alguna cosa de las muchas que nos acontecen en el diario Público.

Entre tanto, reitero mis disculpas

Nepión

23.7.07

Del humor triste

Mala cosa es cuando la cosa del humor, el lugar de provocar la risa, hace saltar el llanto. Mal asunto es, un suponer, que a un togado fiscal dispuesto a transponerse tras opípara pitanza se le atragante la modorra al ver que el Tomate se hace eco de una revista que presenta al hijo del monarca en plena accesión con su legítima, mientras clama que gracias al cheque-bebé recientemente presentado, esta cópula sea lo más parecido a una jornada laboral que ha ocurrido en toda su vida.

Bien porque el esquicio no fuere de su agrado, bien porque los bocadillos provocaran bascas en la panza del señor fiscal, el caso fue que la ira adueñose del togado y, tras colocar la escribanía, cogiéndosela con papel de cocina (que el de fumar ya no está en uso) y, sin encomendarse ni a Dios ni a la Casa Real, puso en danza al juez del Olmo para que ordenara el secuestro de tan indigno bosquejo por supuestas injurias a la corona. Bueno, no tan supuestas, puesto que la primera medida impuesta, la requisa, es desde ya una pena. ¡Qué pena!

¿Hanse dado cuenta, tanto fiscal como magistrado, que, en puridad, no puede hablarse de “injurias a la corona”? No sólo porque los hispanos monarcas no luzcan el ornamento regio, sino porque, que se sepa, el titular sigue vivito y coleando jugando al Bribón por Baleares.

Malo es que se piensen que apuntar sobre la falta de ocupación práctica del heredero constituye delito de injuria porque, en ese caso, el ministro Solbes ha de centuplicar el presupuesto para presidios, penales o ergástulos donde cobijarnos a cuantos cuestionamos la figura monarca que, si no mayoría, sí que somos multitud.

Malo es que discreparen de la calidad pictórica del esbozo, pues si su vocación fuere la de críticos artísticos, a fe mía que erraron en sus carreras pues ya me contarán entonces a qué tantos años apretando los codos, empollando código tras código, para salir bien parado en oposición. Lo felices que hubieren sido triscando de exposición en certamen en lugar de penar aplicando penas. ¡Qué penas!

Mas, si malo es ver falta en la insinuación, y mala también la vocación frustrada, peor aún, me parece es ver injuria en la representación del ayuntamiento de las figuras principescas. Hasta donde alcanzan los conocimientos biológicos de este que suscribe, aunque se pertenezca a la estirpe regia, cuando se ha de chingar se hace al modo del resto de los mamíferos, con variedad de poses, cierto, que precisamente es en la variedad en donde esta el gusto. ¡Qué gusto!

De no ser que, en su docto saber, juez y fiscal sepan de cierto que Leonor y Sofiita nacieron en el Ruber Internacional por ser el hospital que dispone de las mejores pistas para el aterrizaje de las cigüeñas que vienen de París. Caso éste que les haría acreedores a ambos dos de una candidatura merecida al Nóbel de Fisiología, por lo que propongo de inmediato comenzar campaña para que, sin dilación, se les conceda el galardón (¿sabe alguien si la candidatura ha de presentarse por cuadruplicado o basta con una simple copia simple?).

Uno, que va teniendo esa edad en la que en lugar de contar años cuenta achaques, no puede por menos que recordarse de otros tiempos en los que las gentes con poder hacían lo posible por joder al personal para que el personal no jodiera. O para que no lo viera. Si no fuera por la presbicia, pensaría que el tiempo no ha pasado.

Mala cosa es cuando la cosa del humor, en lugar de a risa mueve al llanto. Y mala semana se fue para la cosa del humor. Quienes alguna vez hemos tenido intención de hacer reír sabemos lo difícil que resulta sacar siquiera una sonrisa. Más complejo es todavía trocar risa en carcajada. Algunos genios lo consiguen de cuando en vez, y sólo los más grandes lo tienen por costumbre. El Negro Fontanarrosa, era uno de éstos. Tristemente, el pasado viernes, al ver su nombre en el diario, en lugar de surgir en mí la habitual sonrisa, la humedad comenzó a nublarme la vista. El Negro nos había dejado. No pude evitar la salida de una lágrima solitaria, pero prometime que había de ser la última por su causa. Por fortuna, en poco tiempo supe encontrar el antídoto. Hágame caso, si se le humedece la mirada, pinche allá, o aquí. Es lo mismo.

Nepión

17.7.07

De gerifaltes, prebostes y jefes

Hace no más de un par de días, un conocido llamóme para contarme que uno de mis antiguos jefes salía en las noticias. Curioso. Que uno de mis antiguos jefes aparezca en algún medio informativo no debería ser hecho comentable. Siendo, como soy, juntaletras desde ha casi cinco lustros, lógico es que muchos de mis antiguos jefes salgan en los papeles. Al fin y a la postre, también los más de ellos se dedican a esto de contar las cosas que pasan.

Bien es cierto que el buen Pakito Grillo, que es quien me ponía sobre la pista, referíase a que la prensa contaba de las maniobras financieras de un editor para el que, tiempo atrás, estuve trabajando. Ahora bien, para quienes conocen todo, o simplemente una parte de mi acervo jerárquico, que uno de los que fueron mis mandamases sea protagonista de la prensa a causa de argucias, martingalas o añagazas, no hubiera de ser causa de sobresalto o zozobra, pues argumentando sobre una plétora de quienes fueren mis superiores podría escribirse un voluminoso manual de las malas artes.

Empezando por el letrado editor, a quien Dios y el juez de vigilancia penitenciaria guarden muchos años, hasta llegar a mi más reciente “adquisición” (uno al que, hasta sus propios amigos, apodan como “Gitano”, y del que lo mejor que puede decirse es que no tiene ni una mala palabra ni una buena acción) han sido variados y diversos los prebostes de parecida guisa.

Hube de trabajar una breve temporada para un, ya entonces, exbanquero acuciado por la fiscalía, que pretendió publicar una revista con la que limpiar su nombre. De nada le valió y hoy continúa restando días, semanas y meses de los 14 años que aún le quedan de condena. Otro de mis gerifaltes fue conocido en su mocedad como el “Nazi macarra”, remoquete que le pusieron meses antes de ser detenido en el 79 por un asalto a la facultad de Derecho de la Complu en el que hubo varios heridos de bala. Caprichos del destino hicieron que, años después, se convirtiera en vicerrector de una universidad privada. El “Nazi” había dejado de ser macarra.

En uno de mis periplos laborales extramadrileños caí en las redes de un bribón jaenero que intentaba la extorsión a cambio de silenciar inexistentes escándalos financieros en las instituciones jienenses. Ignoraba el fullero, que para que un escándalo adquiera tal condición, no basta sólo con que sea publicado, alguien tendría que leerlo; condición que no se daba en el panfleto publicado.

Largo tiempo anduve también como subalterno de uno que contaba de sus correrías como corresponsal en la guerra irano-iraquí de los 80. Uno de los corresponsales más atípicos con los que topé en mi camino pues, luego de varias semanas de hemerotecas, no pude encontrar una sola de sus crónicas para la revista de la que “fue” enviado especial. Tiempo después supe que nunca estuvo en esa guerra. Ni en ninguna otra.

Largo elenco, al que aún podrían agregarse una retahíla de personajillos y concejales y que, tras contemplar desde una perspectiva histórica, uno no puede evitar el remedo a Romanones y exclamar: ¡Joder, qué tropa!

Empero, como no todo el monte es orégano, ni siempre que tocan las campanas, anuncian muerto, he de añadir, y añado, que en esta larga trayectoria tuve la suerte de laburar con grandes, muy grandes, profesionales y mejores personas: Jesús Ramos, Nacho Jiménez Mesa, Carles Torras, Rafa Plaza, Fernando Reinlein, José Acevedo, Fermín Vílchez, Manolo Quintero, Juan Francisco Pla y tantos otros, pero, sobre todo, Alberto Otaño. Cualquiera de éstos bastaría por si mismo para eclipsar a toda la caterva de rufianes que he ido encontrando en este loco mundo. A veces, cotejando ambas listas, uno llega a sentirse un poco Mio Cid: “Dios, que buen vasallo cuando obiera buen señor”.

Nepión

9.7.07

De los reyes y sus pandas

Los Reyes han venido de oriente y han traído un regalo. Si la temperatura fuere algo más baja (unos veintiocho grados menos), el personal anduviera desaforado de tienda en tienda (las rebajas no son lo mismo) y hubiera un retintineo de campanas de Belén y peces en el río, uno pudiera pensar que estamos en Navidad. Pero, quía, mediamos el mes de julio pero es cierto, los Reyes han venido de oriente con un regalo en forma de osos.

En pocos meses los ciudadanos capitalinos con niños en nuestro rededor seremos bombardeados por decenas de centenares de mensajes instándonos a visitar eso que los muy mayores seguimos llamando Casa de Fieras y a lo que, en puridad, deberíamos referirnos como Zoo de Madrid, pues es allí donde van a morar Bingxing y Hua Zui Ba como ya lo hicieran hace treinta años Shao Shao y Chang Chang, otra pareja de osos panda que el gobierno de la China ofreció como regalo a sus majestades de este occidente nuestro.

Uno siempre había pensado que los regalos que recibían nuestros dignatarios por mor de su rango pasaban directamente a ser inventariados como parte del patrimonio nacional. Mas, como ya ocurriera entonces, eso no pasa con los osos panda que pasan a formar parte de la contabilidad de Parques Reunidos S.A., una empresa privada que cotiza en bolsa y que en el ejercicio anterior tuvo unos beneficios de más de 60 millones de euritos de los de ahora y que, gracias a los osos de marras, estos beneficios aumentarán, lo menos un potosí en los próximos ejercicios. Que debe ser que en España no hay zoológicos de titularidad pública.

Un zoológico al que, de vez en cuando, acuden los chicos y chicas de una ONG que asiste y atiende a los hijos de las reclusas de las cárceles madrileñas. Niños y niñas que, si no fuera por esta ONG, no podrían ver las calles y parques de los madriles más que a través de los barrotes de las celdas que ocupan con sus madres.

Cuando estos mozos y mozas, hará un par de meses, llevaron a unos cuantos hijos de las presidiarias de visita al parque zoológico madrileño, al llegar, como casi todo hijo de vecino, hubieron de pasar por taquilla y abonar cada uno más de catorce eurillos de sus peculios particulares porque la dirección del Zoo de Madrid no tiene en cuenta que los voluntarios de una ONG llevan a cabo una tarea altruista sin retribución alguna. Vamos, que para los gerifaltes de Parques Reunidos S.A. (esos a los quienes los Reyes les traen por la patilla unos osos panda) la responsabilidad social de la empresa sólo cuenta si se puede desgravar de los impuestos.

Con una Casa Real que, para traer vástagos al mundo, prefiere la sanidad privada antes que la pública, que desprecia la educación que pagamos todos enviando cada mañana al infantado a carísimos colegios privados o que regala el patrimonio del estado a empresas privadas empiezo a entender por qué, cada día que pasa, creo menos en los reyes. Aunque me conste que vienen de oriente y traen regalos. Pero sólo para algunos.

Nepión

3.7.07

Nociones de periodismo analógico 1 El espacio

En aquel tiempo era importante la labor del teletipista. El susodicho era un ciudadano (o ciudadana) englobable dentro de ese grupo de edad mayoritariamente definido como joven, cuya misión era fundamental para la elaboración diaria de un periódico, o la elaboración periódica de un diario, que viene a ser lo mismo.

Su misión consistía en pasar las horas muertas ante una mágica máquina que escribía, aparentemente sin la intervención de humano alguno. La máquina escribía sin descanso volcando en papel cuantas aconteceres sucedían por esos mundos de Dios. De cuando en vez, una sonora campanita remarcaba la especial trascendencia de la siguiente noticia.

El teletipista había de recortar cada una de las noticias recibidas, clasificarlas según su temática para, con toda celeridad, repartirlas por las diferentes secciones del periódico: La nominación de Reagan como candidato, a internacional; la plata de Llopart, a deportes; los datos del IPC, a economía, … y cada vez que entregaba un montón de teletipos en cada una de las secciones, soñaba con que cualquiera de los jefes le encargara escribir siquiera un breve para la edición de mañana.

Cuando terminaba una entrega en la sección de nacional fue chistado por el redactor jefe. Pocas son las veces que un redactor jefe le chista a un teletipista, y ese chistado solía preludiar un rapapolvo. Mas no fue el caso. Bien al contrario, el redactor jefe requería del subalterno para encargarle “una cosita sobre una tienda a la que han robado varias veces en el último mes”.

Zumbó el teletipista mutado en intrépido reportero a la caza de la información, estando de vuelta en apenas una hora dispuesto a contar con pelos y señales los infortunios del buen tendero víctima reiterada de los cacos.

Tomo prestada la olivetti de uno de los titulares de Deportes (en verano solí haber máquinas libres en la redacción), y en poco más de cuarenta minutos le entregaba al redactor jefe su primer paso hacia el Premio Nacional de Periodismo después de, eso sí, haberlo releído unas doce veces para asegurarse que no contenía ninguna falta. Con la parsimonia que sólo solo puede tener tan avezado profesional, el redactor jefe tomó asiento y se enfrascó en la lectura de los dos folios y medio en los que el exteletipista había condensado el marasmo de información que le había facilitado el tendero.

Luego de unos minutos de sosegada lectura, uno, y tensa espera, el otro levantó la cabeza el redactor jefe: “Muy bueno. Sí señor. Está prácticamente todo… Pero mira a ver si lo puedes dejar en folio y medio. O un poco menos”. “En un momento”, dijo el reportero mientras corría a sentarse nuevamente ante la olivetti para recortar esas veinte o veinticinco líneas que le habían pedido.

No había transcurrido media hora cuando el aprendiz, volvía ante la mesa de cierre con sus dos folios, el segundo escrito sólo en un tercio, a pedir la venia jerárquica, con la seguridad de que, esta vez sí, el artículo salía mañana impreso con su firma.

Tras la serena lectura volvieron las loas al escrito, las alabanzas al lenguaje utilizado y a la concreción en los hechos narrado, y también otro pero: “¿A que lo puedes dejar en sólo un folio?”

Vuelta a la olivetti, y vuelta a la mesa del redactor jefe. Y así no menos de cuatro viajes siempre habiendo de recortar un poquito más el texto. Poco a poco la redacción se iba vaciando. Los motores de la rotativa empezaban a vibrar y cada vez era más difícil que el escrito del buen teletipista apareciera en la edición de mañana, aunque fuera firmado sólo con iniciales.

Por fin, después de no sé cuantos halagos y peros, mientras la rotativa sacaba los primeros ejemplares de la edición del sábado, sin más personal en la redacción que el redactor jefe y el teletipista, éste pulsó el punto final de las escasas doce líneas en las que contaba que un tendero había sido atracado muchas veces en muy poco tiempo. Información pura y dura. Escueta.

“Cojonudo” -dijo el redactor jefe-. “Simplemente la noticia. Sin datos que distraigan del meollo. Buen trabajo, chaval. Lo sacamos para el domingo”. Y sosteniendo todavía el texto en la mano izquierda, y apoyando la derecha sobre el hombro de un exhausto teletipista, le aleccionó: “Si puedes contarlo en quince líneas, no escribas tres folios”.

Nepión

30.6.07

Nociones de periodismo analógico – Introito

En la inmersidad tecnológica que nos rodea, raro es encontrar un convecino que no tenga relación o posea algún dispositivo de esos que conforman lo que viene llamándose nuevas tecnologías. Puede uno pasar, por ejemplo, a Pendones, hermosa y pequeña localidad asturiana y, seguramente, quien más, quien menos de sus habitantes anda en posesión de tamagochi, computadora, videocámara, receptor de TDT o satélite, máquina de retratamientos u otro tipo de dispositivo repleto de microcircuitos.

Dada, pues, esta proliferación, mucho han tardado los comunicólogos en buscarle provecho a esta infinitud de paratejos, cacharrillos, ingenios y artilugios convirtiendo a sus propietarios en fuente narradora de cuantos aconteceres puedan circundarle. Así, proliferan por las webes de los medios informativos, proclamas y llamamientos a la participación de los hasta hace poco solamente lectores, invitando a que se conviertan en los nuevos periodistas de la era digital. Esto es, básicamente, lo que algunos, imbuidos de un toque de modernidad pseudotecnológica, han bautizado como Periodismo 2.0.

Quiere esto decir que cualquier chiquilicuatro, con el único mérito en su haber de saber configurar un BlackBerry con un puñado de direcciones (que no es poca cosa tampoco), o de capturar una borrosa instantánea con el móvil conseguido por sólo quince euricos gracias al programa de puntos de su operador telefónico, puede convertirse en candidato al Pulitzer, al World Press Photo Award, o al Francisco Cerecedo, por poner sólo unos ejemplos. O al menos eso cree.

Como uno, perro viejo gastado en estas lides de contar cuanto viene pasando desde hace más de dos décadas, piensa que el oficio de periodista no se adquiere por ciencia infusa ni ósmosis, a fin contribuir, siquiera de forma exigua, a este nuevo modelo informativo, heme propuesto comenzar una serie de apuntamientos sobre algunos de los adminículos que, unas décadas atrás, constituían la parafernalia imprescindible para ejercer de intrépido reportero.

También contaré de algunos acaeceres que, otrora, formaron parte del proceso de aprendizaje del oficio. Sólo serán unos sencillos consejos e historias que pretenden rescatar lo aprovechable que pueda quedar en la forma de entender el periodismo como se hacía en aquel tiempo.

No entraré siquiera en uno de los pilares como es el proceso lingüístico, pues existen decenas de manuales para proceder a la cosa escribatoria con total ortodoxia. Tampoco busque en estos bosquejos manual alguno que le enseñe a sacar el máximo partido a los gigabites de su máquina, pues eso lo encontrará el lector con sólo ojear el montón de hojas impresas que suele acompañar al cachivache en el momento de la adquisición.

Confío que estas nociones le puedan ser de alguna utilidad.

Nepión

17.6.07

Del regreso

Hay cienes de cosas que dejé de hacer con el paso del tiempo. Montar en bicicleta, traducir a Cicerón (jamás pasé del tercer párrafo), caminar por las montañas o esperar con ilusión la noche de Reyes. Pero eso eran cosas de otro siglo, de hace décadas. De menos tiempo para acá, también he dejado de hacer otras. Desque carezco de canina compañía, puede decirse que apenas paseo. Tiempo atrás, y no hay que remontarse tanto, varias veces al día habíame la obligación de vagabundear por el vecindario a fin de ejercitar a la mascota y, de paso, procurar que ésta miccionara o ciscase, siempre con respeto de la normativa municipal, la higiene ciudadana y la buena educación recibida.

Si bien las más de las veces estos paseos eran cuasi apresurados, no menos cierto es que, cuando el tiempo acompañaba, el paseo nocturno solía prolongarse un buen rato para regocijo del buen Bruno (quien recibió este nombre precisamente por ser bruno su pelaje). Mientras Bruno se detenía a oliscar, ventear, o husmear quién sabe qué recónditos rastros, yo solía aprovechar el paseo para poner la mente en veleidades, zonceras o futilidades variadas y diversas.

No más hace unos días, aún carente de gozque, chucho o cachorrillo, salí a deambular por las callejas del contorno, sin más animo que el de dejar mal herido un corto tiempo o, incluso, de matar el rato. Así, enlazando mentalmente tontuna con nesciencia, caí en la cuenta que, del mismo modo que al pasar los tiempos, hay cosas que dejan de hacerse, también hay palabras o locuciones que dejan de usarse. Así por ejemplo, confieso, meses ha que no uso la expresión “dilecto amigo” para referirme a nadie. Y no es porque no tenga dilectos amigos a los que hacer referencia, que haberlos haylos, como las meigas – Paco, Noelia, Almudena,…por citar sólo algunos de la lista- sino que desde hace varios meses, cuando póngome a la escritura, sólo es para hacer lo que esperan que escriba. Ni una línea más.

De seguir esta rutina, supuse, en no mucho tiempo podría sentirme convertido en simple amanuense sometido por una disfunción alfabética empobrecedora del lenguaje. Y no queremos que esto pase.

Así pues, consciente de la dolencia, decidí empezar con la rehabilitación, volver los pasos al hogar y retomar este esporadicadario a modo de emplasto contra el analfabetismo funcional. Sea.

29.11.06

De las injustas multas

Capital del Reino, una tarde cualquiera de la última semana. Frente a un centro comercial, diversos coches esperan que el semáforo cambie a verde. En el interior de uno de estos vehículos, suena un móvil y el conductor, único ocupante, sin percatarse de la presencia aledaña de una pareja motorizada de municipales, contesta la llamada. ¡Te pillé!, debe pensar el agente que antes de que pasen dos segundos desde que sonó el timbrazo, ya está haciendo señas al infractor para que se aproxime a la cera, detenga el motor y muestre su documentación. Lo menos sesenta eurillos, y tres puntos en el debe de su permiso de conducción. Entre tanto, el otro agente, quien no se ha percatado de la infracción, continúa con la misma tarea que le mantenía ocupado cuando el semáforo se puso en colorado: Hablar por radio, supongo que con la central, reportando las últimas novedades.

Este suscribiente, ocupante de vehículo colindante, comienza a sentir creciente indignación solidaria. Si es peligroso y, por ello, sancionable usar el móvil estando al volante de un vehículo detenido en un semáforo, algo me dice que no es menor el riesgo si en lugar de móvil, se habla por radio, y no se conduce un automóvil sino una motocicleta. Pudiera ser que entre la diversidad de materias que aprenden los aspirantes a agentes de la autoridad en su periodo de formación, hubiera un determinado número de horas dedicadas a enseñarles cómo manejar cualquier tipo de vehículo mientras se habla por radio, teléfono, tam-tam o cualesquiera otra forma de comunicación. Pudiera ser, pero no me consta.

Pudiera ser, también, que la última normativa sobre tráfico excluyera explícitamente a los agentes de la autoridad del cumplimiento de las mismas. Pudiera, pero tampoco lo hace más que en el caso de que estén acudiendo a cumplir un servicio urgente, en cuyo caso están obligados ha hacer uso simultáneo de las señales luminosas y acústicas.

Sígueme creciendo la indignación y ganas me dan de llamar la atención del primero de los agentes, a fin de exigirle que proceda a entregarle la preceptiva papeleta e denuncia a su compañero, tan infractor, o más, como el conductor del vehículo al que se dispone a sancionar.

Mas, de pronto, antes de que pueda bajar la ventanilla, empieza a llenárseme la mente de dudas: ¿Están totalmente homologados esos chalecos que compre en el chino? ¿Después de burrubucientos kilómetros, conservarán impoluto los neumáticos su dibujo? ¿Funciona la luz de la matrícula? ¿Dónde coño está la caja de luces de repuesto? ¿Y el trepsodio de los mancuernos, pasó la última revisión?

Por fortuna, esta ola de pragmatismo se impone sobre la indignación creciente. Seré un insolidario, sí, pero, al menos, pude llegar a casa sin que me adjudicaran un racimo de papeles amarillos.

Nepión

19.10.06

De las entrevistas a los políticos

Anda el politiqueo metido en campañas, cosa que no es decir mucho porque el politiqueo siempre anda metido en la cosa electoral. Puede que porque siempre estamos a menos de un año de las próximas elecciones. Cuando no son municipales, son autonómicas, o europeas, o a representantes de barrio, o a presidente de la Balompédica Linense. Ahora tocan autonómicas. Más inmediatas las catalanas, cierto, pero no se olvide que antes de fin de curso, buena parte de las cosas autonómicas de éstas nuestras Españas pasarán por las urnas, y ya se nota que los y las mandamases comienzan en sus desesperados intentos de caer en gracia al electorado.

Por ese motivo, otro colectivo también inmerso estos meses en plena vorágine laboral es el de los asesoradores en temas comunicativos: Directores de comunicación, asistentes de imagen, relaciones públicas, jefes de gabinete o como puñetas se les quiera llamar. Fulanos y menganas cuya aplicación principal consiste en procurar que su señorito (o señorita) “quede bien” cuando comparece ante los medios. Conocedores como son de las naturales impericias de sus respectivos amos, lógico es que durante buena parte de la legislatura, los comunicativos pongan todo tipo de trabas para que su asesorado meta la pata, como suele ser de consueto, ante los periodistas dando una imagen de meretriz recién pasada por los rastrojos.

No es infrecuente, por tanto, que a fin de prevenir pifias del jerifalte, los asesoradores exijan como sine cua non que cualquier pretendiente a entrevistando facilite de antemano el cuestionario completo con el que pretende inquirir al mandamás de turno. De este modo, el asesorador puede tanto eliminar cuestiones incómodas, como preparar ingeniosas respuestas que, tras las correspondientes sesiones de ensayo, harán quedar al señorito (o señorita) como alguien ocurrente poseedor, incluso, de un cierto sentido del humor.

Pero, ay, cuando se aproximan las citas electorales es más importante que el jerifalte se convierta en habitual de televisiones, radios y periódicos, aunque sea a costa de renunciar al conocimiento previo del cuestionario. Y ocurre que, a veces, el plumilla que interviuva, aprovecha estas escasas oportunidades para introducir uno o varios dedos en alguna de las múltiples llagas que en forma de dislates prolijean en mayor o menor medida en el curriculum de todo politiquillo.

Benditos sean, pues estos tiempos preelectorales que nos permiten ver la verdadera faz del politiqueo ante entrevistas poco cómodas. Es lo mismo que sean unas u otros, a todos les sube la bilis cuando faltan las lisonjas.
Nepión

9.10.06

De la condena a un delincuente

La reciente historia hispana está plagada de frases para el recuerdo. Desde aquel vergonzante “se sienten, coño” de infausto recuerdo, a otras más risibles, “mientes, Marcelino, y tú lo sabes”. Repetitivas y monotónicas como “la reina y yo”, “puedo prometer y prometo” o “váyase, señor González”. Desde el televisivo “a jugaaaar” del malogrado Joaquín, al enaltecido “pisalo, pisalo” (con acento en la a) que gritara Bilardo desde el banquillo; a veces pienso que podrían contarse los últimos años de nuestra vida tan sólo rememorando algunas de esas frases.

De todas ellas, probablemente, una de las que más calado tuvo fue la pronunciada, creo recordar, por un tal Pacheco, a la sazón y por entonces alcalde jerezano que de esta manera se mostraba disconforme con la decisión judicial en algún asunto que le afectaba. Si bien es cierto que el hecho de pronunciar en alta voz: "la Justicia es un cachondeo" pudo acarrearle algún que otro perjuicio, la máxima del alcalde Pacheco no sólo le llevo a las portadas de los diarios, sino que se instaló de manera más o menos subrepticia en el inconsciente de cuantos, a estas alturas del otoño, sumamos más de veinticatorce en el carnet de identidad (bastantes más, en mi caso).

Y pese al debido respeto que hay que tener por las instituciones, no se puede negar que, rebuscando en las hemerotecas, pueden encontrarse decenas de ejemplos que corroborarían las palabras del edil gaditano. Baste recordar la llamada “sentencia de la minifalda” o la imagen de aquella señoría irrumpiendo en la sala de vistas ataviado de mosquetero o, sin ir más lejos, la mera presencia en las calles de un individuo como Emilio Rodríguez Menéndez disfrutando plenamente de sus derechos cívicos como si fuere un ciudadano honrado.

Aunque sigue sin agotarse el eco de las palabras del alcalde don Pedro, reconozco que los órganos responsables de administrar justicia en este nuestro país han ganado bastantes puntos en mi estima. Hace unos días, en un juzgado madrileño pude ver con mis propios ojos cómo el individuo suprascrito, maniatado con esposas, era conducido a la sala de juicios por una pareja de agentes de la benemérita como se hace habitualmente con los delincuentes habituales. El personaje se sentaba en el banquillo por haber presentado en un juzgado un escrito en el que uno de sus muchos denunciantes retiraba la demanda interpuesta. Como quiera que el demandante no había firmado el papel de marras, el juez, (jueza en este caso) entendió que el acusado se hacía merecedor de aumentar en cinco meses más el tiempo que ha de pasar entre rejas, por lo menos ocho años si no me falla la memoria.

Dijera lo que dijera el alcalde Pacheco, tras haber visto al delincuente Menéndez acompañado por la Guardia Civil, a uno le crece, siquiera un poquito, la fe en la Administración de Justicia. Si al menos fuera un poco más rápida.
Nepión

6.10.06

Del derecho a ser insolidario

Después de tantos días de silencio en los que las circunstancias circundantes han cambiado, y tanto, retomo esta cita con la la pretensión de volver a convertirla en asidua, sin perder nunca su carácter de esporadicadario. A unos, les presento mis disculpas por el tiempo de ausencia; a otros, mis excusas por el regreso. Sea.

Recién hace unos días, reunidos en concilio los jerifaltazgos respectivos de las cosas eclesial y estatal, acordaron que, a partir del próximo año, cuando llegue la hora de aflojar la panoja con lo de la Renta, los ciudadanos paganos (contribuyentes, en el argot) que así lo desearen, entreguen el 0,7 de sus gabelas a la Santa, Católica y Apostólica.

Empero, ¿qué con aquellos imponentes que no quisieran entregar su óbolo al sostén del Episcopado? Que por birlibirloque se convierten en “donadores voluntarios” de las decenas de oenegés que por la España son. Pues vaya una mierda de solidaridad esa que se impone por decreto.

Si existiera, que me consta existe, algún ciudadano descreído (o creído de otras deidades) y al que le importan entre pepino y pepino y medio la propagación de literatura grecorromana entre los moradores del Kalahari, la pérdida de visión de añosos magrebíes, o la paulatina desaparición de los últimos ejemplares de psitácidos amazónicos, también el decreto le convierte en ciudadano-ejemplar-colaborador-económico-de-organizaciones-solidarias. Incluso en contra de su voluntad y, a más a más, sin poder desgravarse siquiera unos centimillos.

Aún recuerdo, en esa lontana infancia, cuando el Padre Eulogio pretendía catequizarnos mostrándonos el significado del “libre albedrío”: la potestad de cada quien a obrar por propia elección sin presión alguna. Con libre albedrío, claro que tenía mérito alcanzar la santidad. Que todos preferiríamos ejercer de mártires en el Circo Máximo y tener hagiografía como, por ejemplo, Casto y Próculo (virgen y mártir, respectivamente), pero con el libre albedrío de cada cual, la posibilidad de disfrutar de una entrada de preferente para el espectáculo se hacía mucho más atractiva. Y menos dolorosa.

Quiero tener la posibilidad de ser insolidario y, si me pete, aportar cuanto se me ponga en la punta de la tarjeta a las organizaciones que me plazcan. Quiero tener la posibilidad de ser buena persona por mi propia voluntad y no porque lo diga el señor Solbes. Si estamos obligados a pagar todos por igual y decreto, entonces, ser solidario no tiene valor alguno. Así no hay forma de ganarse el cielo.
Nepión

25.7.06

De la molicie canicular y otras reflexiones poco importantes

Cosa, aparte de los calores, que nos trae el periodo estival es la molicie. Que no veo yo que sea tan capital pecado la cosa esa de la pereza, especialmente en estos tiempos en que la torridez del ambiente derrite hasta las entendederas. Concomíame a ratos la conciencia pensando en los lectores de aquestas páginas, a quienes desatiendo desde hace más que varios días sin otro motivo que el de hallarme aquejado de un contumaz ataque de galbana.
Si fuere leguleleyo podría alegar justificaciones diversas basándome en razones tales como la fatiga persistente, motivada en la falta de descanso nocturno o, incluso, la hiperactividad social propia del periodo de asueto; mas, siendo plenamente sincero, como si fuere de donde crece la palma, he de admitir que no es otra cosa que la pereza la que engendra el abandono.
Enarbolo pues la bandera blanca en petición de clemencia y presento a todas vuesas mercedes miles de disculpas y les dejo con un manojillo de reflexiones poco importantes.

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Cada vez que el verano se acerca los programadores televisivos se enzarzan en feroz competencia por ver quién consigue alejar de las pantallas al mayor número de potenciales espectadores. Con todo, cada vez que interrumpen una tanda de anuncios para incluir la promo de un nuevo programa confieso que me asalta el terror y me siento intimidado. ¿Podrían considerase amenazas esas promos y, por tanto, ser objeto de denuncia ante el juzgado pertinente?

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Hay dos tipos de mudanzas: La que se hace con la esperanza de no volver atrás, y la que se hace con la certeza de que jamás se podrán volver los pasos.

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Se ruega a quienes no son habituales practicantes de la consuetudinaria higiene diaria, se abstengan de imponer su presencia a los conciudadanos en espacios de reducido tamaño y/o escasa ventilación, como por ejemplo, ascensores. Vamos, que el guarro suba y baje andando, que sólo son dos pisos.

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Días atrás el diario El Mundo publicaba la siguiente e inexacta noticia:

Ángel Suquía se convierte en la primera persona enterrada en la Catedral de la Almudena


Uno que tiene una memoria fuera de lo normal, en tanto que es capaz de recordar algunos datos un tanto peculiares recordaba el nombre de otro que, años atrás, fuere inhumado en tan sacro recinto. Luego de cotejar fechas y datos y hemerotequear a ratos libres encuentra que

Chueca Goitia será enterrado en la catedral de la Almudena
(El País 1/11/2004 Edición impresa)

y concluye que, una de tres:

I.- Para el redactor de El Mundo, Chueca Goitia no debe ser considerado persona.

II.- Algunos redactores de El Mundo escriben “de oído”.

III.- La doctrina que mantiene que la “realidad nunca puede estropear un gran titular” ya no sólo está presente en las primeras páginas del mencionado diario sino que poco a poco va corrompiendo toda la paginación. Pedro José está creando una escuela muy peligrosa.

Nepión

6.7.06

De la catedral de Mejorada

Mejorada del Campo es una localidad cercana a la capital de las Españas poblada por unos 20.000 habitantes (varios millones, si aplicamos las fórmulas de conteo de la Consejería de Presidencia de la Comunidad de Madrid). De entre todos ellos, hay uno que ha alcanzado un cierto grado de popularidad gracias a la tarea a la que se viene dedicando durante las últimas cuatro décadas: la construcción de una catedral. Tarea ésta que podría entrar en la consideración de ejemplar de no ser por un nimio detalle: la edificación carece de proyecto técnico y, por ende, de cualquier tipo de permiso, licencia, autorización, certificado o cédula expedido por cualquiera de las posibles autoridades, competentes o incompetentes, en todo lo que se refiera a la edificación en suelo, urbano o no.

El catedralífice mejoreño no es hombre de grandes posibles, cuanto menos al saber de las grandes revistas especializadas en los ránquines de las mayores fortunas, y pese a ello, los costes de la construcción los abona de su propio peculio, por lo que no es arriesgado pensar que a la hora de comprar las argamasas, ladrillos y demás zarandajas con las que erigir su obra, anda mirando el eurillo para estirar los fondos lo más posible. Utiliza también, así lo declara él mismo, “tanto objetos de la vida diaria como materiales desechados por las constructoras y por una fábrica de ladrillos cercana”. Vamos, materiales de desecho.

Y a todo esto, las autoridades urbanísticas (municipales, autonómicas, nacionales o, incluso, internacionales) guardando mutismo. ¿Qué ocurriría, me asalta la duda, si al tal Justo en vez de una catedral, hubiéresele pasado por el magín la construcción de una macrodiscoteca? ¿o un chalete-palacio al estilo de las mansiones hollywoodianas que de cuando en vez aparecen en el Hola y demás prensa cardiaca?

Con toda probabilidad, los munícipes, hubieran desplegado una horda de agentes de la autoridad dando escolta a diversas cuadrillas de operarios pertrechados para la demolición inmediata en cumplimiento de las diversas leyes que a la construcción de edificios existen en el ordenamiento vigente, que las leyes se hacen para ser cumplidas, coñe, y al tomar posesión de sus cargos, los jerifaltes prestan juramento solemne de cumplirlas y hacerlas cumplir.
Entre tanto, la catedral mejoreña se ha convertido en atractivo para decenas de visitantes semanales. Uno se pregunta por la reacción de los jerifaltes si, un día -quiera el cielo que no ocurra-, la providencia deja de impedir que parte de las barbacanas, medianeras, contrafuertes o mampuestos caigan a tierra con la crujía repleta de curiosos. Todo serán jeremiadas y sollozos, mezcladas con acusaciones de imprudencias varias arrojadas sobre la memoria del catedralífice. Y las autoridades negligentes buscarán la reelección al amparo de la visita de los medios destacados a cubrir la posible tragedia. Seguro que abren una comisión para investigar el suceso.

Nepión

26.6.06

Prensa sorprendente III

Ante el pertinaz ataque de pereza que últimamente asola por estos lares, no creo sea mala idea intentar recuperar una pretensión que iba cayendo en el olvido: Cosas con las que nos (me) sorprende la prensa. Empezamos por PRnoticias, un boletín sobre el mundo de la comunicación:

Los redactores jefes opinan sobre el material enviado por los gabinetes de prensa
El 85% de las notas de prensa son 'in-publicables'



Casi toda la prensa nacional anda plagada de informaciones que fusilan notas de prensa y despachos de agencia, muchas de las veces sin siquiera mencionar el origen de la información publicada. Si esta pléyade es inpublicable, a decir de los responsables, ¿por qué lo hacen?
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Y seguimos con PRnoticias, que da bastante juego:
Gran negocio para los periódicos, sí, pero ¿para la Universidad? El mensaje que le mandan a los futuros estudiantes es: “Estudia en la pública que sale más barato y tampoco te sirve para nada. Luego haces el Master y, si pagas, tienes curro”. Pues eso.
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Nadie puede negar que, durante los últimos años, el movimiento ecologista ha hecho grandes aportaciones a la vida social, pero a juzgar por lo visto esta mañana:
Parece que se preocupan más de los equinos que de las “personas humanas” que puedan estar ganándose el pan a la intemperie, por poner un ejemplo, abriendo zanjas para las canalizaciones de telefónica o, mismamente, conduciendo el carricoche. ¿O es que en Sevilla el pleno sol sólo afecta a los caballos?
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Casi todos los periódicos se hacían eco de la primera demanda de separación entre homosexuales.
Ya sólo falta que aparezcan las noticias de la primera adopción y la primera denuncia de malos tratos. A ver si así nos empezamos a dar cuenta que la gente normal es gente normal, independientemente de con quién le guste acostarse.
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Como si el Alcalde de Móstoles se hubiera reencarnado en ella, la presidenta de la Comunidad de Madrid ha llamado a los madrileños a la defensa del honor patrio. “Madrileños, la patria está en peligro, corred todos a salvarla”.
Lo que a algunos nos despierta las dudas es a quién considera Espe el enemigo, ¿a la escuadra francesa o a la armada polanquiana?
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La actualidad internacional no siempre se centra en lo que pasa en Oriente Medio o donde los Estados Unidos ponen el punto de mira. A veces, muy pocas, nos llegan noticias de lugares remotos.
Lógicamente, la falta de costumbre nos hace abalanzarnos sobre la enciclopedia para saber de dónde nos hablan. Pese a la Espasa aún surgen dudas. ¿Cómo se llaman los habitantes de Timor? ¿Timoratos?
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Nepión

25.6.06

Reflexiones poco importantes XXII

Antes de que el ardor guerrero vibre en nuestras voces, y de que se nos hinche (de henchir) el corazón de amor patrio, que quede claro que tampoco se va a romper España si, esta vez, tampoco pasamos de cuartos. Y, por cierto, van pasando los días y en las noticias sigue sin aparecer el asomo de una grieta de esas con las que nos han intentado asustar a lo largo del invierno.
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Y, por cierto, hablando de corazones henchidos de amor patrio, qué mejor muestra que la del ex presidente Chemari, renunciando a los monumentales emolumentos que le proporcionaría su puesto de consejero en News Corp por seguir sirviendo a la patria desde el Consejo de Estado. ¡Ahh! ¿Qué donde ha dimitido es en el consejo de Estado? ¡Quién lo iba a decir! Con lo patriota que parecía.
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Cuentan de forma apócrifa que al actor Dani DeVito, cuando se disponía a abandonar Madrid tras unos días promocionando alguna de las películas en las que ha intervenido, le preguntaron por su opinión por la ciudad que estaba a punto de abandonar. Muy bonita, respondió, espero que encuentren pronto el tesoro que andan buscando. A vistas del estado actual de la villa capital, empiezo a tener una idea clara el significado de la palabra codicia.
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José Martí

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¡Qué cosas se aprenden gracias a la informática! ¿Quién nos iba a decir que, en la India, un murciélago puede ser feliz con una dieta consistente exclusivamente en cardillo y kiwis?
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Curiosas matemáticas: Si 2.569.268 ciudadanos (cifras oficiales, verificables y verificadas) participan en un referendum, el gobierno no debe tener en cuenta esos datos. Si 256.926 ciudadanos (poco más o menos , aunque los organizadores hablen de varios millones) salen a la calle para protestar, el gobierno ha de hacerles caso. Encima dicen que si los infantes actuales no tienen formación suficiente, es por culpa de la ESO. ¿Sabe alguien cuál era el plan de estudios cuando a Mariano le regalaron el aprobado en matemáticas?
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Nepión

18.6.06

De los puntos carnéticos

Recién hace no más unos días me ha escrito el director general de Tráfico para explicarme la cosa esta del carnet por puntos. Y no sólo a mi. Me sospecho que nos ha mandado el mismo panfleto a buena parte de los españolitos, independientemente de que seamos o no poseedores del correspondiente carnet de conducir. Que digo yo que podía haberse esforzado un poco y mandar el prospectillo solamente a los conductores. Acaso se hubiera ahorrado unos eurillos pero eso a quién le importa cuando se dispara con pólvora del rey.

Independientemente de las explicaciones sobre los motivos que ocasionaran la pérdida de puntos y de lo que nos puede costar la recuperación de éstos, llama poderosamente la atención el anuncio de que, a partir del próxima mes, en la página web de la dirección general de tráfico se podrá consultar el saldo de puntos con sólo introducir el número del permiso de conducir. Esto es, se mete uno en la susodicha web, introduce su número de DNI, que coincide con el del permiso y, voi la, el haber de puntillos. Simple y sencillísimo.

Tan sencillo, que cualquiera que lo desee puede consultar, desde el anonimato, el historial infractor de cualquier ciudadano. Vamos que si, por poner un suponer, un padre celoso de las compañías de su hija puede, con muy poco esfuerzo, saber si ese que la pretende fue sancionado en algún momento por correr en demasía, o si un ciudadano que pretende ser candidato a un puesto de oficial administrativo cuenta en su historial con una multa por exceso de alcohol en sangre todo porque le hicieron soplar a la salida de la boda de su prima Cunegunda.
O lo que es lo mismo, informaciones que sólo deberían competer a un ciudadano, por estas cosas de la técnica, pueden ser de dominio público. No sé por qué, pero me dá que la Agencia de Protección de Datos, que tan diligente se muestra en ocasiones, acaso debiera ponerse sobre el asunto. Lo mismo, hasta impiden la entrada en vigor de los puñeteros puntos hasta que se resuelva el tema de la privacidad.
Nepión

14.6.06

De los leves gozos

Tiempo atrás reconocí que me tenía que hacer mirar los miedos. No es que fueran cosa patológica, pero me ahorraría alguna que otra carrera. Escribí de los cotidianos temores que impiden, verbi gratia, regodearse en la micción en públicos excusados. No caí entonces en cuenta en que, de la misma forma que vivimos asediados por las fobias, en derredor nuestro pululan también cientos de filias. Semanas atrás encontré una dilatada retahíla de las causas por las que algunas personas y varias docenas de humanos consiguen encender la libido, propia o ajena. El día que la apetencia supere a la pereza compartiré con ustedes tan interesante descubrimiento, de forma que sepamos de lo que nos habla quien nos mente una partenofilia, la ligerastia, el ondinismo o las cronofilias, que como decía ‘El Guerra’: "Hay gente p’a to’o". Mas todo se andará. que no es momento, coyuntura o sazón para meterse en prolijas zarandajas de índole concupiscente.

Cienes y cienes, qué digo, millares de cienes de pequeños placeres cuasi cotidianos, retoñan timoratos esperando ser descubiertos con el sólo fin de alegrarnos la mañana o, incluso, la semana entera. ¿Qué decir cuando en esa calurosa noche agosteña, medio despierta uno y, dando vuelta a la almohada, encuentra placentera tibieza? Probablemente sólo sea comparable al cálido tacto de las noches invernales en las que uno mismo (o acaso una madre) acordose de colocar el pijama cerca de la calefacción.

¿No es acaso wonderfulérrimo cuando, entre higos y brevas, en ese momento en que nos ataca el orden, encontramos un ajado y vetusto hebdomadario en el que tras ojear y hojear hayamos el recóndito motivo por el que, años ha, decidimos guardarlo? ¿Es eso rejuvenecer?

¿Y ese dulce placer pseudoinfantil consistente en aproximar levemente un terrón al café y ver que poco a poco va perdiendo la blancura, tiñéndose grano a grano? ¿He sido tal vez el único que, apenas estrenada la segunda decena de la vida, se sentía en la gloria cada vez que lograba llegar al semáforo antes que el señor del pantalón marino o la señora de falda florida hicieran lo propio?

A veces llegué a pensar que uno de los precios a pagar para alcanzar la madurez consistía en trocar esos leves placeres casi diarios por orgasmos esporádicos, pero, ¡quía!, hoy mismo he conseguido llegar a la otra acera apenas terminaba de parpadear el señorito luminoso, he estrenado un cuaderno lleno de hojas blancas y lisas, ha sonado mi despertador y aún me quedaba una hora para seguir durmiendo y, por si fuera poco, alguien cuyo criterio aprecio ha alabado mi trabajo sin saber que yo era el autor.
O los placeres subsisten, o aun requiero de muchos años para la maduración. Ni que fuera un buen tinto de crianza.

Nepión

8.6.06

Reflexiones poco importantes XXI

Esta tarde dará comienzo el Campeonato Mundial de Fútbol, no creo que quede nadie sin saberlo. Por si me pillaba una de esas encuestas que siempre se hacen en los días previos a este tipo de acontecimientos, hace unos días que decidí mirar la lista de seleccionados y me atrevo a vaticinar un pobre resultado para el combinado hispano. ¿El motivo?. Leo unos cuantos nombres: Reyes, Reina, Torres, Casillas… ¡A qué van a jugar! ¿al fútbol o al ajedrez?

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Hace unos días Popular tv, una cadena local de televisión propiedad de la jerarquía eclesiástica, denunciaba que últimamente sus emisiones analógicas estaban saliendo al aire de forma entrecortada y se mezclaban con escenas de “pornografía y de quiromantes, pertenecientes a un canal extranjero” y que iban a pedir el amparo a la Comunidad de Madrid para evitar estas interferencias. Por partes. Sin tener muchos conocimientos técnicos algo me dice que es harto complicado que la señal analógica de un canal “extranjero” se ‘cuele’ en la frecuencia que usa Popular. Vamos, que lo que no puede ser no puede ser, y además es imposible. Otrosí, jodido veo que un quiromante pueda trabajar como tal en una televisión, por muy extranjera que sea, que ya me contarán cómo puede ver las rayas de las manos del consultante. Otrotambién. Doña Espe (esa que en marzo del año pasado cascó millón y medio de euretes de multa a los propietarios de la Torre de Valencia, por permitir la instalación de antenas emisoras de televisión en su azotea, y que mandó cerrar más de 20 emisoras de televisión y otras treinta de radio “porque emitían sin licencia”), va a dejar sin sanción a Popular, una emisora de televisión que tiene permiso para la emisión digital pero que, según confiesan, también emiten en forma analógica.

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Desde las filas peperas, hace tiempo que se clama contra las llamadas “conversaciones de paz” alegando, entre otras cosas, que entre las exigencias de los terroristas está la incorporación de Navarra al País Vasco. De cuando en vez alguien debería decirle a los populares que harían bien en repasar la Constitución. La del 78. Esa que está en vigor y que siempre se muestran tan reacios a modificar. Esa en la que en la cuarta disposición transitoria se puede leer:


1.- En el caso de Navarra, y a efectos de su incorporación al Consejo General Vasco o al régimen autonómico vasco que le sustituya, en lugar de lo que establece el artículo 143 de la Constitución, la iniciativa corresponde al Órgano Foral competente, el cual adoptará su decisión por mayoría de los miembros que lo componen. Para la validez de dicha iniciativa será preciso, además, que la decisión del Órgano Foral competente sea ratificada por referéndum expresamente convocado al efecto, y aprobado por mayoría de los votos válidos emitidos.
***

No sé por qué, pero desde hace unos días tengo un sonsonete rondando por la cabeza. Será que entre lo del Mundial y los últimos follones del ciclismo, algo me recuerda la letra de la canción de un anuncio de mi infancia:

Lo toma el futbolista
para entrar goles.
También lo toman
los buenos nadadores.
Si lo toma el ciclista
es el amo de la pista,
Y si es el boxeador,
pum, pum,
golpea que es un primor.

Y no. Cuando yo era pequeño, de EPO no había publicidad.

***

Nepión

30.5.06

De los buitres carroñeros

Quienes algo me conocen, bien sea de cuerpo presente, bien de leídas las presentes, saben de seguro que una de las pocas cosas de las que suelo enorgullecerme es de llevar una buena purrela de años ejerciendo de juntaletras, de correveidile de los aconteceres. Más ello no quita de que en ocasiones, como la presente por ejemplo y sin ir más lejos, al suelo se me vaya la cara de vergüenza viendo el comportamiento de los colegas. De algunos colegas, que como me dicen de cuando en vez, en ocasiones puedo ser asquerosamente ecuánime. Aunque solo en ocasiones.

Anda estos días la profesión en un sinvivir por eso de que una tonadillera de renombre, tronío y voz está en un sinvivir. Vale que buena parte de la ciudadanía ande preocupada por su salud. Vale que la labor del periodista incluya eso de anticiparse a la noticia. Puedo aceptar, incluso, que la señora (y muchas más la parentela), muchas veces, haya acopiado sus buenos dineros a costa de vender sus privacidades. Pero estarán conmigo en que algunas cosas tienen que tener un límite.

Que no creo yo que sea plato de gusto desayunarse, comer y cenar con las visión de tropetecientos enviados especiales a la puerta de la casa de la Jurado. Tropetecientos enviados especiales que apenas tienen novedad (esto es: noticia) que ofrecer. Que con tropetecientos enviados especiales a las puertas, cualquier exclusiva está más que jodida, porque la noticia la darán todos al unísono.

Más que enviados especiales, y sé que no soy el único al que se le aparece la imagen, parecen los buitres de las películas del Oeste, marcando con su vuelo circular la presencia de la muerte. Lejos de mi intención llamarle buitres a los pobres, plumillas y foteros, obligados a la guardia, que no está la profesión para tirar a la basura un contrato idem (si es que contrato tienen los chicos de Europa, de Korpa de las teles o del cuché aparcados en la puerta). El buitrerío, para mayor escarnio, pasa las tardes al amor del aire acondicionado, y alternan mañanas y noches por las tertulias televisivas, llevándose buenos dineros por decir poco menos que nada del estado de la enferma.

Pero más me asombra aún, saber que los curritos de alguna de las empresas cercanas a la casa de la cantante, apenas apuran un bocata a la hora de la comida para ir a pasar la hora que les da el convenio a las puertas de la villa.

Vergüenza me dan los carroñeros. Con o sin carnet de prensa en la cartera.

Nepión