Reflexiones sobre algunas cosas poco importantes escritas por NEPIÓN. Esporadicadario, esto es, que lo renovamos periódicamente cada... de vez en cuando.
24.2.12
El día que todo empezó
18.9.07
De las disculpas debidas
En este 2007, han querido los hados regalarme con una nueva experiencia laboral en la que me hallo inmerso el más de mi tiempo: La construcción de un nuevo proyecto periodístico en forma de diario. Por esas cosas legales que acontecen y que uno, con amplia capacidad contractual y en pleno uso de sus facultades legales, acepta, firma y rubrica, hállome incapacitado para contar cualesquiera cosa de las interioridades de este proceso gestatorio salvo quizá, el nombre del proyecto que verá la luz en próximas fechas: Público. Sin determinantes ni calificativos. Cuando quiera que las diarias tareas dejen algo de tiempo para mi propia mismidad, puede que sea posible tanto que retome estas páginas, como que cuente alguna cosa de las muchas que nos acontecen en el diario Público.
Entre tanto, reitero mis disculpas
23.7.07
Del humor triste
Mala cosa es cuando la cosa del humor, el lugar de provocar la risa, hace saltar el llanto. Mal asunto es, un suponer, que a un togado fiscal dispuesto a transponerse tras opípara pitanza se le atragante la modorra al ver que el Tomate se hace eco de una revista que presenta al hijo del monarca en plena accesión con su legítima, mientras clama que gracias al cheque-bebé recientemente presentado, esta cópula sea lo más parecido a una jornada laboral que ha ocurrido en toda su vida.
Bien porque el esquicio no fuere de su agrado, bien porque los bocadillos provocaran bascas en la panza del señor fiscal, el caso fue que la ira adueñose del togado y, tras colocar la escribanía, cogiéndosela con papel de cocina (que el de fumar ya no está en uso) y, sin encomendarse ni a Dios ni a
¿Hanse dado cuenta, tanto fiscal como magistrado, que, en puridad, no puede hablarse de “injurias a la corona”? No sólo porque los hispanos monarcas no luzcan el ornamento regio, sino porque, que se sepa, el titular sigue vivito y coleando jugando al Bribón por Baleares.
Malo es que se piensen que apuntar sobre la falta de ocupación práctica del heredero constituye delito de injuria porque, en ese caso, el ministro Solbes ha de centuplicar el presupuesto para presidios, penales o ergástulos donde cobijarnos a cuantos cuestionamos la figura monarca que, si no mayoría, sí que somos multitud.
Malo es que discreparen de la calidad pictórica del esbozo, pues si su vocación fuere la de críticos artísticos, a fe mía que erraron en sus carreras pues ya me contarán entonces a qué tantos años apretando los codos, empollando código tras código, para salir bien parado en oposición. Lo felices que hubieren sido triscando de exposición en certamen en lugar de penar aplicando penas. ¡Qué penas!
Mas, si malo es ver falta en la insinuación, y mala también la vocación frustrada, peor aún, me parece es ver injuria en la representación del ayuntamiento de las figuras principescas. Hasta donde alcanzan los conocimientos biológicos de este que suscribe, aunque se pertenezca a la estirpe regia, cuando se ha de chingar se hace al modo del resto de los mamíferos, con variedad de poses, cierto, que precisamente es en la variedad en donde esta el gusto. ¡Qué gusto!
De no ser que, en su docto saber, juez y fiscal sepan de cierto que Leonor y Sofiita nacieron en el Ruber Internacional por ser el hospital que dispone de las mejores pistas para el aterrizaje de las cigüeñas que vienen de París. Caso éste que les haría acreedores a ambos dos de una candidatura merecida al Nóbel de Fisiología, por lo que propongo de inmediato comenzar campaña para que, sin dilación, se les conceda el galardón (¿sabe alguien si la candidatura ha de presentarse por cuadruplicado o basta con una simple copia simple?).
Uno, que va teniendo esa edad en la que en lugar de contar años cuenta achaques, no puede por menos que recordarse de otros tiempos en los que las gentes con poder hacían lo posible por joder al personal para que el personal no jodiera. O para que no lo viera. Si no fuera por la presbicia, pensaría que el tiempo no ha pasado.
17.7.07
De gerifaltes, prebostes y jefes
Hace no más de un par de días, un conocido llamóme para contarme que uno de mis antiguos jefes salía en las noticias. Curioso. Que uno de mis antiguos jefes aparezca en algún medio informativo no debería ser hecho comentable. Siendo, como soy, juntaletras desde ha casi cinco lustros, lógico es que muchos de mis antiguos jefes salgan en los papeles. Al fin y a la postre, también los más de ellos se dedican a esto de contar las cosas que pasan.
Empezando por el letrado editor, a quien Dios y el juez de vigilancia penitenciaria guarden muchos años, hasta llegar a mi más reciente “adquisición” (uno al que, hasta sus propios amigos, apodan como “Gitano”, y del que lo mejor que puede decirse es que no tiene ni una mala palabra ni una buena acción) han sido variados y diversos los prebostes de parecida guisa.
Hube de trabajar una breve temporada para un, ya entonces, exbanquero acuciado por la fiscalía, que pretendió publicar una revista con la que limpiar su nombre. De nada le valió y hoy continúa restando días, semanas y meses de los 14 años que aún le quedan de condena. Otro de mis gerifaltes fue conocido en su mocedad como el “Nazi macarra”, remoquete que le pusieron meses antes de ser detenido en el 79 por un asalto a la facultad de Derecho de
En uno de mis periplos laborales extramadrileños caí en las redes de un bribón jaenero que intentaba la extorsión a cambio de silenciar inexistentes escándalos financieros en las instituciones jienenses. Ignoraba el fullero, que para que un escándalo adquiera tal condición, no basta sólo con que sea publicado, alguien tendría que leerlo; condición que no se daba en el panfleto publicado.
Largo tiempo anduve también como subalterno de uno que contaba de sus correrías como corresponsal en la guerra irano-iraquí de los 80. Uno de los corresponsales más atípicos con los que topé en mi camino pues, luego de varias semanas de hemerotecas, no pude encontrar una sola de sus crónicas para la revista de la que “fue” enviado especial. Tiempo después supe que nunca estuvo en esa guerra. Ni en ninguna otra.
Largo elenco, al que aún podrían agregarse una retahíla de personajillos y concejales y que, tras contemplar desde una perspectiva histórica, uno no puede evitar el remedo a Romanones y exclamar: ¡Joder, qué tropa!
9.7.07
De los reyes y sus pandas
Los Reyes han venido de oriente y han traído un regalo. Si la temperatura fuere algo más baja (unos veintiocho grados menos), el personal anduviera desaforado de tienda en tienda (las rebajas no son lo mismo) y hubiera un retintineo de campanas de Belén y peces en el río, uno pudiera pensar que estamos en Navidad. Pero, quía, mediamos el mes de julio pero es cierto, los Reyes han venido de oriente con un regalo en forma de osos.
En pocos meses los ciudadanos capitalinos con niños en nuestro rededor seremos bombardeados por decenas de centenares de mensajes instándonos a visitar eso que los muy mayores seguimos llamando Casa de Fieras y a lo que, en puridad, deberíamos referirnos como Zoo de Madrid, pues es allí donde van a morar Bingxing y Hua Zui Ba como ya lo hicieran hace treinta años Shao Shao y Chang Chang, otra pareja de osos panda que el gobierno de
Uno siempre había pensado que los regalos que recibían nuestros dignatarios por mor de su rango pasaban directamente a ser inventariados como parte del patrimonio nacional. Mas, como ya ocurriera entonces, eso no pasa con los osos panda que pasan a formar parte de la contabilidad de Parques Reunidos S.A., una empresa privada que cotiza en bolsa y que en el ejercicio anterior tuvo unos beneficios de más de 60 millones de euritos de los de ahora y que, gracias a los osos de marras, estos beneficios aumentarán, lo menos un potosí en los próximos ejercicios. Que debe ser que en España no hay zoológicos de titularidad pública.
Un zoológico al que, de vez en cuando, acuden los chicos y chicas de una ONG que asiste y atiende a los hijos de las reclusas de las cárceles madrileñas. Niños y niñas que, si no fuera por esta ONG, no podrían ver las calles y parques de los madriles más que a través de los barrotes de las celdas que ocupan con sus madres.
Cuando estos mozos y mozas, hará un par de meses, llevaron a unos cuantos hijos de las presidiarias de visita al parque zoológico madrileño, al llegar, como casi todo hijo de vecino, hubieron de pasar por taquilla y abonar cada uno más de catorce eurillos de sus peculios particulares porque la dirección del Zoo de Madrid no tiene en cuenta que los voluntarios de una ONG llevan a cabo una tarea altruista sin retribución alguna. Vamos, que para los gerifaltes de Parques Reunidos S.A. (esos a los quienes los Reyes les traen por la patilla unos osos panda) la responsabilidad social de la empresa sólo cuenta si se puede desgravar de los impuestos.
3.7.07
Nociones de periodismo analógico 1 El espacio
Su misión consistía en pasar las horas muertas ante una mágica máquina que escribía, aparentemente sin la intervención de humano alguno. La máquina escribía sin descanso volcando en papel cuantas aconteceres sucedían por esos mundos de Dios. De cuando en vez, una sonora campanita remarcaba la especial trascendencia de la siguiente noticia.
El teletipista había de recortar cada una de las noticias recibidas, clasificarlas según su temática para, con toda celeridad, repartirlas por las diferentes secciones del periódico: La nominación de Reagan como candidato, a internacional; la plata de Llopart, a deportes; los datos del IPC, a economía, … y cada vez que entregaba un montón de teletipos en cada una de las secciones, soñaba con que cualquiera de los jefes le encargara escribir siquiera un breve para la edición de mañana.
Cuando terminaba una entrega en la sección de nacional fue chistado por el redactor jefe. Pocas son las veces que un redactor jefe le chista a un teletipista, y ese chistado solía preludiar un rapapolvo. Mas no fue el caso. Bien al contrario, el redactor jefe requería del subalterno para encargarle “una cosita sobre una tienda a la que han robado varias veces en el último mes”.
Zumbó el teletipista mutado en intrépido reportero a la caza de la información, estando de vuelta en apenas una hora dispuesto a contar con pelos y señales los infortunios del buen tendero víctima reiterada de los cacos.
Tomo prestada la olivetti de uno de los titulares de Deportes (en verano solí haber máquinas libres en la redacción), y en poco más de cuarenta minutos le entregaba al redactor jefe su primer paso hacia el Premio Nacional de Periodismo después de, eso sí, haberlo releído unas doce veces para asegurarse que no contenía ninguna falta. Con la parsimonia que sólo solo puede tener tan avezado profesional, el redactor jefe tomó asiento y se enfrascó en la lectura de los dos folios y medio en los que el exteletipista había condensado el marasmo de información que le había facilitado el tendero.
Luego de unos minutos de sosegada lectura, uno, y tensa espera, el otro levantó la cabeza el redactor jefe: “Muy bueno. Sí señor. Está prácticamente todo… Pero mira a ver si lo puedes dejar en folio y medio. O un poco menos”. “En un momento”, dijo el reportero mientras corría a sentarse nuevamente ante la olivetti para recortar esas veinte o veinticinco líneas que le habían pedido.
No había transcurrido media hora cuando el aprendiz, volvía ante la mesa de cierre con sus dos folios, el segundo escrito sólo en un tercio, a pedir la venia jerárquica, con la seguridad de que, esta vez sí, el artículo salía mañana impreso con su firma.
Tras la serena lectura volvieron las loas al escrito, las alabanzas al lenguaje utilizado y a la concreción en los hechos narrado, y también otro pero: “¿A que lo puedes dejar en sólo un folio?”
Vuelta a la olivetti, y vuelta a la mesa del redactor jefe. Y así no menos de cuatro viajes siempre habiendo de recortar un poquito más el texto. Poco a poco la redacción se iba vaciando. Los motores de la rotativa empezaban a vibrar y cada vez era más difícil que el escrito del buen teletipista apareciera en la edición de mañana, aunque fuera firmado sólo con iniciales.
Por fin, después de no sé cuantos halagos y peros, mientras la rotativa sacaba los primeros ejemplares de la edición del sábado, sin más personal en la redacción que el redactor jefe y el teletipista, éste pulsó el punto final de las escasas doce líneas en las que contaba que un tendero había sido atracado muchas veces en muy poco tiempo. Información pura y dura. Escueta.
“Cojonudo” -dijo el redactor jefe-. “Simplemente la noticia. Sin datos que distraigan del meollo. Buen trabajo, chaval. Lo sacamos para el domingo”. Y sosteniendo todavía el texto en la mano izquierda, y apoyando la derecha sobre el hombro de un exhausto teletipista, le aleccionó: “Si puedes contarlo en quince líneas, no escribas tres folios”.
30.6.07
Nociones de periodismo analógico – Introito
En la inmersidad tecnológica que nos rodea, raro es encontrar un convecino que no tenga relación o posea algún dispositivo de esos que conforman lo que viene llamándose nuevas tecnologías. Puede uno pasar, por ejemplo, a Pendones, hermosa y pequeña localidad asturiana y, seguramente, quien más, quien menos de sus habitantes anda en posesión de tamagochi, computadora, videocámara, receptor de TDT o satélite, máquina de retratamientos u otro tipo de dispositivo repleto de microcircuitos.
Dada, pues, esta proliferación, mucho han tardado los comunicólogos en buscarle provecho a esta infinitud de paratejos, cacharrillos, ingenios y artilugios convirtiendo a sus propietarios en fuente narradora de cuantos aconteceres puedan circundarle. Así, proliferan por las webes de los medios informativos, proclamas y llamamientos a la participación de los hasta hace poco solamente lectores, invitando a que se conviertan en los nuevos periodistas de la era digital. Esto es, básicamente, lo que algunos, imbuidos de un toque de modernidad pseudotecnológica, han bautizado como Periodismo 2.0.
Quiere esto decir que cualquier chiquilicuatro, con el único mérito en su haber de saber configurar un BlackBerry con un puñado de direcciones (que no es poca cosa tampoco), o de capturar una borrosa instantánea con el móvil conseguido por sólo quince euricos gracias al programa de puntos de su operador telefónico, puede convertirse en candidato al Pulitzer, al World Press Photo Award, o al Francisco Cerecedo, por poner sólo unos ejemplos. O al menos eso cree.
Como uno, perro viejo gastado en estas lides de contar cuanto viene pasando desde hace más de dos décadas, piensa que el oficio de periodista no se adquiere por ciencia infusa ni ósmosis, a fin contribuir, siquiera de forma exigua, a este nuevo modelo informativo, heme propuesto comenzar una serie de apuntamientos sobre algunos de los adminículos que, unas décadas atrás, constituían la parafernalia imprescindible para ejercer de intrépido reportero.
También contaré de algunos acaeceres que, otrora, formaron parte del proceso de aprendizaje del oficio. Sólo serán unos sencillos consejos e historias que pretenden rescatar lo aprovechable que pueda quedar en la forma de entender el periodismo como se hacía en aquel tiempo.
No entraré siquiera en uno de los pilares como es el proceso lingüístico, pues existen decenas de manuales para proceder a la cosa escribatoria con total ortodoxia. Tampoco busque en estos bosquejos manual alguno que le enseñe a sacar el máximo partido a los gigabites de su máquina, pues eso lo encontrará el lector con sólo ojear el montón de hojas impresas que suele acompañar al cachivache en el momento de la adquisición.
Confío que estas nociones le puedan ser de alguna utilidad.17.6.07
Del regreso
Hay cienes de cosas que dejé de hacer con el paso del tiempo. Montar en bicicleta, traducir a Cicerón (jamás pasé del tercer párrafo), caminar por las montañas o esperar con ilusión la noche de Reyes. Pero eso eran cosas de otro siglo, de hace décadas. De menos tiempo para acá, también he dejado de hacer otras. Desque carezco de canina compañía, puede decirse que apenas paseo. Tiempo atrás, y no hay que remontarse tanto, varias veces al día habíame la obligación de vagabundear por el vecindario a fin de ejercitar a la mascota y, de paso, procurar que ésta miccionara o ciscase, siempre con respeto de la normativa municipal, la higiene ciudadana y la buena educación recibida.
Si bien las más de las veces estos paseos eran cuasi apresurados, no menos cierto es que, cuando el tiempo acompañaba, el paseo nocturno solía prolongarse un buen rato para regocijo del buen Bruno (quien recibió este nombre precisamente por ser bruno su pelaje). Mientras Bruno se detenía a oliscar, ventear, o husmear quién sabe qué recónditos rastros, yo solía aprovechar el paseo para poner la mente en veleidades, zonceras o futilidades variadas y diversas.
No más hace unos días, aún carente de gozque, chucho o cachorrillo, salí a deambular por las callejas del contorno, sin más animo que el de dejar mal herido un corto tiempo o, incluso, de matar el rato. Así, enlazando mentalmente tontuna con nesciencia, caí en la cuenta que, del mismo modo que al pasar los tiempos, hay cosas que dejan de hacerse, también hay palabras o locuciones que dejan de usarse. Así por ejemplo, confieso, meses ha que no uso la expresión “dilecto amigo” para referirme a nadie. Y no es porque no tenga dilectos amigos a los que hacer referencia, que haberlos haylos, como las meigas – Paco, Noelia, Almudena,…por citar sólo algunos de la lista- sino que desde hace varios meses, cuando póngome a la escritura, sólo es para hacer lo que esperan que escriba. Ni una línea más.
De seguir esta rutina, supuse, en no mucho tiempo podría sentirme convertido en simple amanuense sometido por una disfunción alfabética empobrecedora del lenguaje. Y no queremos que esto pase.
29.11.06
De las injustas multas
Capital del Reino, una tarde cualquiera de la última semana. Frente a un centro comercial, diversos coches esperan que el semáforo cambie a verde. En el interior de uno de estos vehículos, suena un móvil y el conductor, único ocupante, sin percatarse de la presencia aledaña de una pareja motorizada de municipales, contesta la llamada. ¡Te pillé!, debe pensar el agente que antes de que pasen dos segundos desde que sonó el timbrazo, ya está haciendo señas al infractor para que se aproxime a la cera, detenga el motor y muestre su documentación. Lo menos sesenta eurillos, y tres puntos en el debe de su permiso de conducción. Entre tanto, el otro agente, quien no se ha percatado de la infracción, continúa con la misma tarea que le mantenía ocupado cuando el semáforo se puso en colorado: Hablar por radio, supongo que con la central, reportando las últimas novedades.
Este suscribiente, ocupante de vehículo colindante, comienza a sentir creciente indignación solidaria. Si es peligroso y, por ello, sancionable usar el móvil estando al volante de un vehículo detenido en un semáforo, algo me dice que no es menor el riesgo si en lugar de móvil, se habla por radio, y no se conduce un automóvil sino una motocicleta. Pudiera ser que entre la diversidad de materias que aprenden los aspirantes a agentes de la autoridad en su periodo de formación, hubiera un determinado número de horas dedicadas a enseñarles cómo manejar cualquier tipo de vehículo mientras se habla por radio, teléfono, tam-tam o cualesquiera otra forma de comunicación. Pudiera ser, pero no me consta.
Pudiera ser, también, que la última normativa sobre tráfico excluyera explícitamente a los agentes de la autoridad del cumplimiento de las mismas. Pudiera, pero tampoco lo hace más que en el caso de que estén acudiendo a cumplir un servicio urgente, en cuyo caso están obligados ha hacer uso simultáneo de las señales luminosas y acústicas.
Sígueme creciendo la indignación y ganas me dan de llamar la atención del primero de los agentes, a fin de exigirle que proceda a entregarle la preceptiva papeleta e denuncia a su compañero, tan infractor, o más, como el conductor del vehículo al que se dispone a sancionar.
Por fortuna, esta ola de pragmatismo se impone sobre la indignación creciente. Seré un insolidario, sí, pero, al menos, pude llegar a casa sin que me adjudicaran un racimo de papeles amarillos.
19.10.06
De las entrevistas a los políticos
Por ese motivo, otro colectivo también inmerso estos meses en plena vorágine laboral es el de los asesoradores en temas comunicativos: Directores de comunicación, asistentes de imagen, relaciones públicas, jefes de gabinete o como puñetas se les quiera llamar. Fulanos y menganas cuya aplicación principal consiste en procurar que su señorito (o señorita) “quede bien” cuando comparece ante los medios. Conocedores como son de las naturales impericias de sus respectivos amos, lógico es que durante buena parte de la legislatura, los comunicativos pongan todo tipo de trabas para que su asesorado meta la pata, como suele ser de consueto, ante los periodistas dando una imagen de meretriz recién pasada por los rastrojos.
No es infrecuente, por tanto, que a fin de prevenir pifias del jerifalte, los asesoradores exijan como sine cua non que cualquier pretendiente a entrevistando facilite de antemano el cuestionario completo con el que pretende inquirir al mandamás de turno. De este modo, el asesorador puede tanto eliminar cuestiones incómodas, como preparar ingeniosas respuestas que, tras las correspondientes sesiones de ensayo, harán quedar al señorito (o señorita) como alguien ocurrente poseedor, incluso, de un cierto sentido del humor.
Pero, ay, cuando se aproximan las citas electorales es más importante que el jerifalte se convierta en habitual de televisiones, radios y periódicos, aunque sea a costa de renunciar al conocimiento previo del cuestionario. Y ocurre que, a veces, el plumilla que interviuva, aprovecha estas escasas oportunidades para introducir uno o varios dedos en alguna de las múltiples llagas que en forma de dislates prolijean en mayor o menor medida en el curriculum de todo politiquillo.
Benditos sean, pues estos tiempos preelectorales que nos permiten ver la verdadera faz del politiqueo ante entrevistas poco cómodas. Es lo mismo que sean unas u otros, a todos les sube la bilis cuando faltan las lisonjas.
9.10.06
De la condena a un delincuente
De todas ellas, probablemente, una de las que más calado tuvo fue la pronunciada, creo recordar, por un tal Pacheco, a la sazón y por entonces alcalde jerezano que de esta manera se mostraba disconforme con la decisión judicial en algún asunto que le afectaba. Si bien es cierto que el hecho de pronunciar en alta voz: "la Justicia es un cachondeo" pudo acarrearle algún que otro perjuicio, la máxima del alcalde Pacheco no sólo le llevo a las portadas de los diarios, sino que se instaló de manera más o menos subrepticia en el inconsciente de cuantos, a estas alturas del otoño, sumamos más de veinticatorce en el carnet de identidad (bastantes más, en mi caso).
Y pese al debido respeto que hay que tener por las instituciones, no se puede negar que, rebuscando en las hemerotecas, pueden encontrarse decenas de ejemplos que corroborarían las palabras del edil gaditano. Baste recordar la llamada “sentencia de la minifalda” o la imagen de aquella señoría irrumpiendo en la sala de vistas ataviado de mosquetero o, sin ir más lejos, la mera presencia en las calles de un individuo como Emilio Rodríguez Menéndez disfrutando plenamente de sus derechos cívicos como si fuere un ciudadano honrado.
Aunque sigue sin agotarse el eco de las palabras del alcalde don Pedro, reconozco que los órganos responsables de administrar justicia en este nuestro país han ganado bastantes puntos en mi estima. Hace unos días, en un juzgado madrileño pude ver con mis propios ojos cómo el individuo suprascrito, maniatado con esposas, era conducido a la sala de juicios por una pareja de agentes de la benemérita como se hace habitualmente con los delincuentes habituales. El personaje se sentaba en el banquillo por haber presentado en un juzgado un escrito en el que uno de sus muchos denunciantes retiraba la demanda interpuesta. Como quiera que el demandante no había firmado el papel de marras, el juez, (jueza en este caso) entendió que el acusado se hacía merecedor de aumentar en cinco meses más el tiempo que ha de pasar entre rejas, por lo menos ocho años si no me falla la memoria.
Dijera lo que dijera el alcalde Pacheco, tras haber visto al delincuente Menéndez acompañado por la Guardia Civil, a uno le crece, siquiera un poquito, la fe en la Administración de Justicia. Si al menos fuera un poco más rápida.
6.10.06
Del derecho a ser insolidario
Recién hace unos días, reunidos en concilio los jerifaltazgos respectivos de las cosas eclesial y estatal, acordaron que, a partir del próximo año, cuando llegue la hora de aflojar la panoja con lo de la Renta, los ciudadanos paganos (contribuyentes, en el argot) que así lo desearen, entreguen el 0,7 de sus gabelas a la Santa, Católica y Apostólica.
Empero, ¿qué con aquellos imponentes que no quisieran entregar su óbolo al sostén del Episcopado? Que por birlibirloque se convierten en “donadores voluntarios” de las decenas de oenegés que por la España son. Pues vaya una mierda de solidaridad esa que se impone por decreto.
Si existiera, que me consta existe, algún ciudadano descreído (o creído de otras deidades) y al que le importan entre pepino y pepino y medio la propagación de literatura grecorromana entre los moradores del Kalahari, la pérdida de visión de añosos magrebíes, o la paulatina desaparición de los últimos ejemplares de psitácidos amazónicos, también el decreto le convierte en ciudadano-ejemplar-colaborador-económico-de-organizaciones-solidarias. Incluso en contra de su voluntad y, a más a más, sin poder desgravarse siquiera unos centimillos.
Aún recuerdo, en esa lontana infancia, cuando el Padre Eulogio pretendía catequizarnos mostrándonos el significado del “libre albedrío”: la potestad de cada quien a obrar por propia elección sin presión alguna. Con libre albedrío, claro que tenía mérito alcanzar la santidad. Que todos preferiríamos ejercer de mártires en el Circo Máximo y tener hagiografía como, por ejemplo, Casto y Próculo (virgen y mártir, respectivamente), pero con el libre albedrío de cada cual, la posibilidad de disfrutar de una entrada de preferente para el espectáculo se hacía mucho más atractiva. Y menos dolorosa.
Quiero tener la posibilidad de ser insolidario y, si me pete, aportar cuanto se me ponga en la punta de la tarjeta a las organizaciones que me plazcan. Quiero tener la posibilidad de ser buena persona por mi propia voluntad y no porque lo diga el señor Solbes. Si estamos obligados a pagar todos por igual y decreto, entonces, ser solidario no tiene valor alguno. Así no hay forma de ganarse el cielo.
25.7.06
De la molicie canicular y otras reflexiones poco importantes
Si fuere leguleleyo podría alegar justificaciones diversas basándome en razones tales como la fatiga persistente, motivada en la falta de descanso nocturno o, incluso, la hiperactividad social propia del periodo de asueto; mas, siendo plenamente sincero, como si fuere de donde crece la palma, he de admitir que no es otra cosa que la pereza la que engendra el abandono.
Enarbolo pues la bandera blanca en petición de clemencia y presento a todas vuesas mercedes miles de disculpas y les dejo con un manojillo de reflexiones poco importantes.
Días atrás el diario El Mundo publicaba la siguiente e inexacta noticia:
Ángel Suquía se convierte en la primera persona enterrada en la Catedral de la Almudena
Uno que tiene una memoria fuera de lo normal, en tanto que es capaz de recordar algunos datos un tanto peculiares recordaba el nombre de otro que, años atrás, fuere inhumado en tan sacro recinto. Luego de cotejar fechas y datos y hemerotequear a ratos libres encuentra que
Chueca Goitia será enterrado en la catedral de la Almudena
(El País 1/11/2004 Edición impresa)
y concluye que, una de tres:
I.- Para el redactor de El Mundo, Chueca Goitia no debe ser considerado persona.
II.- Algunos redactores de El Mundo escriben “de oído”.
III.- La doctrina que mantiene que la “realidad nunca puede estropear un gran titular” ya no sólo está presente en las primeras páginas del mencionado diario sino que poco a poco va corrompiendo toda la paginación. Pedro José está creando una escuela muy peligrosa.
6.7.06
De la catedral de Mejorada
26.6.06
Prensa sorprendente III
Los redactores jefes opinan sobre el material enviado por los gabinetes de prensa
El 85% de las notas de prensa son 'in-publicables'
25.6.06
Reflexiones poco importantes XXII
***
18.6.06
De los puntos carnéticos
Independientemente de las explicaciones sobre los motivos que ocasionaran la pérdida de puntos y de lo que nos puede costar la recuperación de éstos, llama poderosamente la atención el anuncio de que, a partir del próxima mes, en la página web de la dirección general de tráfico se podrá consultar el saldo de puntos con sólo introducir el número del permiso de conducir. Esto es, se mete uno en la susodicha web, introduce su número de DNI, que coincide con el del permiso y, voi la, el haber de puntillos. Simple y sencillísimo.
Tan sencillo, que cualquiera que lo desee puede consultar, desde el anonimato, el historial infractor de cualquier ciudadano. Vamos que si, por poner un suponer, un padre celoso de las compañías de su hija puede, con muy poco esfuerzo, saber si ese que la pretende fue sancionado en algún momento por correr en demasía, o si un ciudadano que pretende ser candidato a un puesto de oficial administrativo cuenta en su historial con una multa por exceso de alcohol en sangre todo porque le hicieron soplar a la salida de la boda de su prima Cunegunda.
14.6.06
De los leves gozos
8.6.06
Reflexiones poco importantes XXI
1.- En el caso de Navarra, y a efectos de su incorporación al Consejo General Vasco o al régimen autonómico vasco que le sustituya, en lugar de lo que establece el artículo 143 de la Constitución, la iniciativa corresponde al Órgano Foral competente, el cual adoptará su decisión por mayoría de los miembros que lo componen. Para la validez de dicha iniciativa será preciso, además, que la decisión del Órgano Foral competente sea ratificada por referéndum expresamente convocado al efecto, y aprobado por mayoría de los votos válidos emitidos.
Lo toma el futbolista
para entrar goles.
También lo toman
los buenos nadadores.
Si lo toma el ciclista
es el amo de la pista,
Y si es el boxeador,
pum, pum,
golpea que es un primor.
Y no. Cuando yo era pequeño, de EPO no había publicidad.
***
Nepión