6.7.06

De la catedral de Mejorada

Mejorada del Campo es una localidad cercana a la capital de las Españas poblada por unos 20.000 habitantes (varios millones, si aplicamos las fórmulas de conteo de la Consejería de Presidencia de la Comunidad de Madrid). De entre todos ellos, hay uno que ha alcanzado un cierto grado de popularidad gracias a la tarea a la que se viene dedicando durante las últimas cuatro décadas: la construcción de una catedral. Tarea ésta que podría entrar en la consideración de ejemplar de no ser por un nimio detalle: la edificación carece de proyecto técnico y, por ende, de cualquier tipo de permiso, licencia, autorización, certificado o cédula expedido por cualquiera de las posibles autoridades, competentes o incompetentes, en todo lo que se refiera a la edificación en suelo, urbano o no.

El catedralífice mejoreño no es hombre de grandes posibles, cuanto menos al saber de las grandes revistas especializadas en los ránquines de las mayores fortunas, y pese a ello, los costes de la construcción los abona de su propio peculio, por lo que no es arriesgado pensar que a la hora de comprar las argamasas, ladrillos y demás zarandajas con las que erigir su obra, anda mirando el eurillo para estirar los fondos lo más posible. Utiliza también, así lo declara él mismo, “tanto objetos de la vida diaria como materiales desechados por las constructoras y por una fábrica de ladrillos cercana”. Vamos, materiales de desecho.

Y a todo esto, las autoridades urbanísticas (municipales, autonómicas, nacionales o, incluso, internacionales) guardando mutismo. ¿Qué ocurriría, me asalta la duda, si al tal Justo en vez de una catedral, hubiéresele pasado por el magín la construcción de una macrodiscoteca? ¿o un chalete-palacio al estilo de las mansiones hollywoodianas que de cuando en vez aparecen en el Hola y demás prensa cardiaca?

Con toda probabilidad, los munícipes, hubieran desplegado una horda de agentes de la autoridad dando escolta a diversas cuadrillas de operarios pertrechados para la demolición inmediata en cumplimiento de las diversas leyes que a la construcción de edificios existen en el ordenamiento vigente, que las leyes se hacen para ser cumplidas, coñe, y al tomar posesión de sus cargos, los jerifaltes prestan juramento solemne de cumplirlas y hacerlas cumplir.
Entre tanto, la catedral mejoreña se ha convertido en atractivo para decenas de visitantes semanales. Uno se pregunta por la reacción de los jerifaltes si, un día -quiera el cielo que no ocurra-, la providencia deja de impedir que parte de las barbacanas, medianeras, contrafuertes o mampuestos caigan a tierra con la crujía repleta de curiosos. Todo serán jeremiadas y sollozos, mezcladas con acusaciones de imprudencias varias arrojadas sobre la memoria del catedralífice. Y las autoridades negligentes buscarán la reelección al amparo de la visita de los medios destacados a cubrir la posible tragedia. Seguro que abren una comisión para investigar el suceso.

Nepión

4 comentarios:

Busca2 dijo...

Es un lugar precioso, y a la vez muy curioso, sobre todo por su constructor. En mi próxima visita te aseguro que no faltarán fotografías.
Saludos.

Busca2 dijo...

Es un lugar precioso, y a la vez muy curioso, sobre todo por su constructor. En mi próxima visita te aseguro que no faltarán fotografías.
Saludos.

josemoya dijo...

Ciertamente, este proyecto desata en mí sentimientos encontrados. Por un lado, el método de construcción, que no deja de ser una herencia del sistema utilizado para construir chabolas (buscar un solar, ya sea propio o que no tenga dueño conocido y empezar a poner ladrillos). Por otro, la belleza del acto: un tipo que tiene como "hobby" construir. Creo que la mejor solución es impedir el acceso al edificio para evitar peligros y esperar a la muerte del constructor para empezar a derribarlo.

Wendyqueridaluzdemivida dijo...

Yo he pasado mucho tiempo en Mejorada antes de que Justo fuese famoso. El tipo es un tanto violento, vamos, que pasas por la calle y los mismo te arrea un ladrillazo sin venir a cuento. Amén de que ahora, que Mejorada tiene una fuente de publicidad como esta, nadie va a decir absolutamente nada, hasta que alguien pase por allí y muera sepultado por el monumento.

Me voy a encomendar a San Prepucio y le voy a construir un pedazo de chalete, a ver si viene mi alcalde a demolerlo...