9.10.06

De la condena a un delincuente

La reciente historia hispana está plagada de frases para el recuerdo. Desde aquel vergonzante “se sienten, coño” de infausto recuerdo, a otras más risibles, “mientes, Marcelino, y tú lo sabes”. Repetitivas y monotónicas como “la reina y yo”, “puedo prometer y prometo” o “váyase, señor González”. Desde el televisivo “a jugaaaar” del malogrado Joaquín, al enaltecido “pisalo, pisalo” (con acento en la a) que gritara Bilardo desde el banquillo; a veces pienso que podrían contarse los últimos años de nuestra vida tan sólo rememorando algunas de esas frases.

De todas ellas, probablemente, una de las que más calado tuvo fue la pronunciada, creo recordar, por un tal Pacheco, a la sazón y por entonces alcalde jerezano que de esta manera se mostraba disconforme con la decisión judicial en algún asunto que le afectaba. Si bien es cierto que el hecho de pronunciar en alta voz: "la Justicia es un cachondeo" pudo acarrearle algún que otro perjuicio, la máxima del alcalde Pacheco no sólo le llevo a las portadas de los diarios, sino que se instaló de manera más o menos subrepticia en el inconsciente de cuantos, a estas alturas del otoño, sumamos más de veinticatorce en el carnet de identidad (bastantes más, en mi caso).

Y pese al debido respeto que hay que tener por las instituciones, no se puede negar que, rebuscando en las hemerotecas, pueden encontrarse decenas de ejemplos que corroborarían las palabras del edil gaditano. Baste recordar la llamada “sentencia de la minifalda” o la imagen de aquella señoría irrumpiendo en la sala de vistas ataviado de mosquetero o, sin ir más lejos, la mera presencia en las calles de un individuo como Emilio Rodríguez Menéndez disfrutando plenamente de sus derechos cívicos como si fuere un ciudadano honrado.

Aunque sigue sin agotarse el eco de las palabras del alcalde don Pedro, reconozco que los órganos responsables de administrar justicia en este nuestro país han ganado bastantes puntos en mi estima. Hace unos días, en un juzgado madrileño pude ver con mis propios ojos cómo el individuo suprascrito, maniatado con esposas, era conducido a la sala de juicios por una pareja de agentes de la benemérita como se hace habitualmente con los delincuentes habituales. El personaje se sentaba en el banquillo por haber presentado en un juzgado un escrito en el que uno de sus muchos denunciantes retiraba la demanda interpuesta. Como quiera que el demandante no había firmado el papel de marras, el juez, (jueza en este caso) entendió que el acusado se hacía merecedor de aumentar en cinco meses más el tiempo que ha de pasar entre rejas, por lo menos ocho años si no me falla la memoria.

Dijera lo que dijera el alcalde Pacheco, tras haber visto al delincuente Menéndez acompañado por la Guardia Civil, a uno le crece, siquiera un poquito, la fe en la Administración de Justicia. Si al menos fuera un poco más rápida.
Nepión

2 comentarios:

sandris dijo...

Muy bien escrito.
La Justicia es un cachondeo... lamentablemente es un fenomeno mundial, porque en varios paises hay genocidas caminando por las calles y se sienten orgullosos del terrorismo de estado (Argentina es mi ejemplo).
en fin.....somos humanos.

piradaperdida dijo...

me ha gustado mucho esta entrada, Nepión :)