24.2.06

Veinticinco años de paz

Veinticinco años. Venticinco de aquello. Ya ni sé la de veces que ayer he oído esas dos palabras. Ni las que las he leido. Y todo porque se cumplían 25 años. ¡Cómo si todos los días no se cumplieran 25 años de algo! Y cincuenta también. Y, puestos a cumplir, probablemente, también se cumplían hasta 348 de otra cosa. Todos los días son aniversario de algo. Sin embargo, de tanto escuchar la cifra, la memoria siempre caprichosa, trae hacia la primera fila de recuerdos otras fechas también relacionadas con el 25. El año 64, del siglo pasado, también fue el año del 25, aunque por entonces, supongo que porque se trataba de la España imperial, no se escribía en guarismos arábigos sino romanos. El 64 fue el año de los XXV años de Paz.
Aquel año, el entonces gobierno hispano, decidió darle una aire de modernidad al régimen proclamando la campaña de los XXV años de Paz. ¡Y qué campaña! Carteles, sellos conmemorativos, sorteos de lotería, conciertos, festivales de Coros y Danzas, demostraciones sindicales, juegos florales… No había acto que no estuviera marcado por la etiqueta de los XXV. ¿Un campeonato de Bolos? De los XXV años de Paz. ¿La banda municipal salía a dar un concierto? El concierto municipal de los XXV años de Paz. ¿Se construía un colegio? Colegio Nacional XXV años de Paz. Todo cuanto sucedió en ese año 64, importante o no, llevaba adosado el lema de marras.
Entonces, como ahora, hablar de paz no era mas que propaganda, entonces la paz, esa paz, era sinónima de victoria. Lejos quedaron los Años Triunfales. Atrás se dejaban los desfiles conmemorativos de la Victoria. En 1964 no había desaparecido la victoria. Simplemente cambió de significante.
Pero paz, por nucho que lo pretendieran los vencedores, no es sinónimo de victoria. Ni lo era entonces, ni lo es ahora. A quienes oigo hablar, ahora, de “paz, con vencedores y vencidos” me recuerdan y mucho, a los que abogaban (y abogan) por la “dialéctica de los puños y las pistolas” (y las bombas, aunque al Primo de Rivera se le pasaran por alto). Deberían releer la historia reciente de su propio pueblo y comprobar que, para convertir en paz la victoria, son necesarios muchos olvidos. Por ambas partes: Ha de olvidarse el deseo de venganza de los vencidos, y la arrogancia de los vencedores. Paz no significa que los vencidos hayan de ser exterminados, humillados o esclavizados. Eso es una victoria. A un enemigo se le puede vencer, pero será por siempre un enemigo. Solo perderá esa condición si en lugar de ser vencido, como decía Unamuno, es convencido. Cuando un enemigo es convencido, entonces, y sólo entonces, es cuando estalla la Paz. Los muertos merecen un respeto, cierto. Pero alguien debería pensar que los vivos que pueden (podemos) morir si no se alcanza la paz, también deben ser respetados.
Nepión

4 comentarios:

Azena dijo...

sin palabras...
sólo un aplauso...

Anónimo dijo...

La utopía, entonces, sería algo así como convencer a todos de una sóla verdad. ¿Una sóla verdad?... me dá miedo eso de "convencer" a todos... yo creo que la paz es un asunto más íntimo. Se trata sencillmaente de que cada cual lleve la paz en el alma. Desde su dormitorio con la mujer a la que fecunda, hasta el atasco con el que se le cuela, al trabajo con el jefe que te obliga a hacer horas extras sin cobrarlas, o mirar al árabe de la esquina sin sospechas, porque si lleva una mochila a la espalda es porque no tiene para portafolios... incluso, para dejar propina en el bar de carretera en el que pediste un café con leche en correcto castellano y te respondieron en catalán como si tuvieras que entenderle... La paz en el alma.

Rubén! dijo...

talmente de acuerdo con su persona de usted, nada que objetar por tanto

Zifnab dijo...

Debería haber venido antes

Palabra casi por coma casi.

Ha de olvidarse el deseo de venganza de los vencidos, y la arrogancia de los vencedores

Ambos deben hacerlo y ninguno de los dos lo hace. Sigue siendo la Victoria, aunque ahora a fecha de hoy, ya no se quien ganó.

Vencedores y vencidos era una película. Y las películas, películas son. Pero queremos llevarla a la realidad. Alguna vez a violencia culmina en victoria?. Yo creo que no y si es así, no se si quiero vencer

Se feliz